Sueño de capo

¡Sueño de capo termina en calzones y plomo!

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¿Ejecución VIP en el antro “El Makali” de CU?

La ambición desmedida y el deseo de gloria criminal firmaron la sentencia de muerte de Rodrigo Solano Flores, mejor conocido en el bajo mundo como “El Miklo”. A sus escasos 22 años, este joven pretendía escalar las altas esferas del narcotráfico capitalino, distribuyendo sustancias ilícitas en los centros nocturnos más exclusivos del sur. Sin embargo, su arrogancia delictiva lo llevó a invadir terrenos ajenos, desafiando a las mafias locales al ofrecer mercancía y entregas a domicilio sin el permiso de los verdaderos dueños de la plaza.

La madrugada del lunes, mientras el reloj marcaba las 5:00 horas, la realidad golpeó con fuerza al aspirante a mafioso. “El Miklo” se encontraba relajado en las inmediaciones del bar “El Makali”, cerca de Ciudad Universitaria, cuando una lluvia de proyectiles interrumpió su jornada. Un grupo de sicarios profesionales lo emboscó en lo que consideraban su territorio sagrado, descargando sus armas contra él y otros cuatro sujetos que lo acompañaban en ese momento.

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Humillación final: Lo arrastran y lo encueran

El ataque no solo buscaba eliminar la competencia, sino enviar un mensaje de terror a cualquiera que intente “emprender” sin autorización. Mientras Rodrigo agonizaba tras la descarga de plomo, empleados del establecimiento, presuntamente coludidos con los agresores, lo sacaron a rastras del local. En un acto de suprema humillación, los victimarios lo bolsearon para robarle sus pertenencias y lo dejaron abandonado en la banqueta, vistiendo únicamente su ropa interior.

¿Sobrevivirán sus cómplices al sangriento tiroteo?

Aunque “El Miklo” perdió la vida instantáneamente, sus acompañantes Jorge, Enrique, César y Mauricio resultaron heridos pero lograron conservar la existencia. Paramédicos los trasladaron de urgencia bajo un fuerte dispositivo de seguridad, mientras la policía de investigación recolectaba los indicios en la escena del crimen. Así se esfumaron los delirios de grandeza de quien soñaba ser el próximo gran capo, terminando su historia como una cifra más de la guerra por el control de las calles.

 


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