“Todavía lo debo”: incendian el camión de Don Montes y lo dejan sin su único sustento

“Solo les pedí que no quemaran mi camión. Es mi sustento. Todavía lo debo”.

La voz entrecortada de Don Montes refleja la impotencia de quien, en cuestión de minutos, perdió lo que le tomó años construir. Su jornada había comenzado como cualquier otra: salió temprano, con la intención de trabajar y cumplir con sus responsabilidades. No imaginaba que la violencia le arrebataría su herramienta de trabajo y, con ella, la estabilidad de su familia.

La agresión

Según su relato, fue interceptado por hombres armados que lo obligaron a descender de su camión. No hubo discusión ni posibilidad de diálogo. En medio del miedo, pidió algo simple: que no destruyeran el vehículo. Explicó que aún lo estaba pagando, que era su única fuente de ingresos y que de él dependía el sustento de su hogar.

“Es lo único que tengo”, suplicó.

Pero nadie escuchó. Minutos después, su camión fue incendiado. Las llamas consumieron no solo la unidad, sino años de esfuerzo, jornadas largas y sacrificios acumulados para poder adquirirlo.

Años de trabajo reducidos a cenizas

Para Don Montes, el vehículo no era un lujo. Representaba independencia, dignidad y la posibilidad de llevar comida a la mesa. Como miles de trabajadores en el país, invirtió sus ahorros y se comprometió a pagar mensualidades con la esperanza de mejorar su calidad de vida.

Hoy enfrenta una realidad devastadora: perdió el camión, pero la deuda permanece. Tendrá que seguir pagando por algo que ya no existe.

El impacto de la violencia cotidiana

Este caso refleja cómo la violencia golpea directamente a ciudadanos que dependen del trabajo diario para sobrevivir. No se trata solo de cifras o estadísticas; detrás hay historias de esfuerzo truncado y familias que quedan en incertidumbre.

La quema del camión no solo afectó el patrimonio de Don Montes, sino su estabilidad emocional y económica. Ahora deberá buscar alternativas para generar ingresos mientras enfrenta el compromiso financiero pendiente.

Una historia que duele

“México también es su gente trabajadora”, suele decirse. Historias como la de Don Montes recuerdan que, más allá de los hechos violentos, existen personas que cada día apuestan por salir adelante con trabajo honesto.

Hoy, su mayor preocupación no es solo lo que perdió, sino cómo volver a empezar.

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