El atentado con bomba en La Condesa: el ataque olvidado de 1997
¿Cómo ocurrió la detonación en el inmueble de Sonora 149?
Durante la mañana del 24 de mayo de 1997, un individuo entregó un paquete misterioso en el edificio de Sonora 149, sede de la agencia de viajes Cubanacán. El conserje del inmueble recibió el sobre amarillo y lo colocó en el acceso del despacho sin sospechar que contenía un artefacto explosivo.
Afortunadamente, el personal diplomático y los empleados cancelaron sus actividades agendadas para esa tarde de sábado. Por lo tanto, cuando el dispositivo detonó a las seis de la tarde, la estructura se encontraba deshabitada. La fuerte onda expansiva destrozó puertas, rompió ventanales y desactivó el ascensor, aunque la edificación soportó el impacto sin registrar víctimas mortales.
¿Quién estuvo detrás del atentado contra la agencia cubana?
Las pesquisas policiales relacionaron este suceso con una serie de ofensivas coordinadas contra instalaciones vinculadas al gobierno caribeño en diversos países. En consecuencia, las autoridades identificaron como responsable intelectual al activista anticastrista Luis Posada Carriles, personaje ligado históricamente a múltiples acciones violentas en la región.
Por otro lado, los dueños del inmueble enfrentaron severos contratiempos financieros tras la agresión. La empresa aseguradora rechazó saldar las reparaciones, evaluadas en 70 mil pesos, debido a que la póliza excluía expresamente coberturas por actos terroristas. De esta manera, el episodio quedó relegado al olvido urbano durante dos décadas.
¿Qué destino final enfrentó la edificación tras el sismo de 2017?
A pesar de que el peritaje estructural posterior a la explosión confirmó la estabilidad de los siete pisos, el paso del tiempo cambió trágicamente el panorama. El devastador terremoto del 19 de septiembre de 2017 causó el colapso del quinto nivel y la lamentable pérdida de una vida humana.
Posteriormente, las autoridades de la Ciudad de México dictaminaron la demolición total del predio debido a los daños irreversibles en los cimientos. Curiosamente, la carga explosiva de los años noventa no derribó la estructura, pero el movimiento telúrico terminó marcando el final definitivo de este histórico inmueble capitalino.
