¡Ruta de sangre en Sébaco! Femicida escapa de la justicia con un frasco de veneno
¡Ruta de sangre en Sébaco! Femicida escapa de la justicia con un frasco de veneno
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¿Pasión o barbarie? El brutal asesinato de una joven cuidadora
La barbarie machista ha vuelto a teñir de rojo los caminos de tierra de Nicaragua. Marelyn Dayana González Centeno, una joven de apenas 19 años cuya vida se centraba en el servicio a su comunidad, fue víctima de una emboscada mortal la mañana del martes 28 de abril de 2026. Mientras se dirigía a recoger a dos niños para llevarlos al preescolar, su expareja, Henry Sequeira, la interceptó en un tramo solitario de Molino Sur. Lo que comenzó como un intento de secuestro terminó en una ejecución a plena luz del día: ante la resistencia de Marelyn, Sequeira le asestó cinco puñaladas directas al pecho.
Posteriormente, la joven fue auxiliada por pobladores y trasladada de urgencia, pero la fuerza destructiva del ataque ya había sellado su destino; Marelyn falleció poco después, dejando tras de sí un rastro de indignación que movilizó a todo el departamento de Matagalpa. Inmediatamente, la comunidad de Sébaco se unió a la Policía Nacional en una cacería humana, rastreando cuevas y senderos para evitar que el asesino escapara de la ley.
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¡Justicia burlada! El asesino prefiere el suicidio antes que la cárcel
¿Cobardía o salida fácil? El último acto de Henry Sequeira
La búsqueda llegó a su fin el miércoles 29 de abril en el sector del río Poza Azul, comunidad Labranza. Acorralado por el cerco policial y el repudio de sus propios vecinos, Sequeira decidió que no enfrentaría el banquillo de los acusados. En un acto de suprema cobardía, el sujeto ingirió un potente veneno antes de ser capturado. Inmediatamente, los agentes lo localizaron oculto en el fondo de un pozo, retorciéndose de dolor bajo los efectos del químico mientras los testigos gritaban enfurecidos ante la escena.
Por otro lado, aunque los oficiales lograron extraerlo y subirlo a una patrulla para intentar salvarle la vida —y así asegurar su proceso judicial—, el veneno fue más rápido. Durante el trayecto, Sequeira manifestó su deseo de morir antes que pisar una celda, evitando así la condena de 30 años de prisión que establece la legislación nicaragüense por el delito de femicidio. Actualmente, la familia de Marelyn enfrenta el doble duelo de la pérdida y la impunidad de un culpable que huyó por la puerta trasera de la muerte.
Finalmente, este círculo de violencia deja dos ataúdes y una comunidad herida que exige una revisión profunda de las medidas de protección para las mujeres en zonas rurales. Esta tragedia confirma que, en Nicaragua, el peligro para las jóvenes que deciden terminar una relación sigue siendo una amenaza latente que el sistema aún no logra frenar a tiempo.
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